Oración de hoy Martes 30/04/2019

Amado Jesús, quiero hacer una pausa en los afanes y los compromisos del día a día para elevar una oración de esperanza y gratitud por lo que has por nosotros.

Invoquémosle, pues, diciendo.

Amado Dios, con los primeros rayos de sol que despuntan en esta mañana me presento ante Ti con un corazón lleno de amor para darte gracias por el maravilloso regalo de la vida, por el pan que hay en mi mesa, por el don de la salud y por cada una de las hermosas bendiciones con las que Tú colmas mi existir.

Y en el silencio de este día que apenas empieza, quiero pedirte paz para mi ser, prudencia en cada uno de mis actos y fuerza para mi espíritu. Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de bondad, salir a cumplir mis obligaciones con optimismo y alegría, pues Tú señor caminas a mi lado, protegiéndome, vitalizándome y guiándome por sendas de amor, plenitud y prosperidad. Amado Dios, si Tú estás conmigo, mi día será de triunfo, regocijo y nada habrá de faltarme.

Padre Omnipotente Rey de Israel hoy en este dia traigo ante ti mi humilde Salmo esperando que sea de tu agrado, gracias padre por lo dado el día de hoy y por lo que nos darás.

Salmo 97: El Señor, juez vencedor

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
porque ha hecho maravillas: 
su diestra le ha dado la victoria, 
su santo brazo. 

El Señor da a conocer su victoria, 
revela a las naciones su justicia: 
se acordó de su misericordia y su fidelidad 
en favor de la casa de Israel. 

Los confines de la tierra han contemplado 
la victoria de nuestro Dios. 
Aclama al Señor, tierra entera; 
gritad, vitoread, tocad: 

tañed la cítara para el Señor, 
suenen los instrumentos: 
con clarines y al son de trompetas, 
aclamad al Rey y Señor. 

Retumbe el mar y cuanto contiene, 
la tierra y cuantos la habitan; 
aplaudan los ríos, aclamen los montes 
al Señor, que llega para regir la tierra. 

Regirá el orbe con justicia 
y los pueblos con rectitud.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén.

Tú que te has revelado como Señor de la vida, danos parte en la plenitud de tu vida divina.

Haz que reproduzcamos siempre tu muerte en nuestros cuerpos, para que en nuestro vivir se manifieste también tu vida.

Ilumina nuestros corazones con tu luz,
para que, a través de nosotros, resplandezca la gloria de Dios.