Oración de hoy Domingo 21/04/2019

Jesucristo el hijo que el Padre Todo Poderoso nos envio para nuestra salvacion a hecho de nosotros un pueblo de reyes y sacerdotes, para que podamos ofrecerle toda la gloria y honra. Dios acepta humilde mente esta oracion.

Invoquémosle, pues, diciendo.

Concédenos, Señor, consagrar el principio de este día en honor de tu resurrección y haz que todos los trabajos que realicemos durante esta jornada te sean agradables.

Haz que sepamos descubrirte a ti en todos nuestros hermanos, sobre todo en los tristes, en los más pobres y en los que son menos útiles a los ojos del mundo.

Tú que para aumentar nuestra alegría y afianzar nuestra salvación nos das el nuevo día, signo de tu amor, renuévanos hoy y siempre para gloria de tu nombre.

Haz que durante este día estemos en paz con todo el mundo y que a nadie devolvamos mal por mal.

Padre Omnipotente Rey de Israel hoy en este dia traigo ante ti mi humilde Salmo esperando que sea de tu agrado, gracias padre por lo dado el día de hoy y por lo que nos darás.

Salmo 35 – DEPRAVACIÓN DEL MALVADO Y BONDAD DE DIOS

El malvado escucha en su interior un oráculo del pecado: No tengo miedo a Dios, ni en su presencia. Porque se hace la ilusión de que su culpa no será descubierta ni aborrecida.

Las palabras de su boca son maldad y traición, renuncia a ser sensato y a obrar bien; acostado medita el crimen,
se obstina en el mal camino, no rechaza la maldad.

Señor, tu misericordia llega al cielo, tu fidelidad hasta las nubes, tu justicia hasta las altas cordilleras; tus sentencias son como el océano inmenso.

Tú socorres a hombres y animales; ¡qué inapreciable es tu misericordia, oh Dios!;
los humanos se acogen a la sombra de tus alas; se nutren de lo sabroso de tu casa,
les das a beber del torrente de tus delicias, porque en ti está la fuente viva
y tu luz nos hace ver la luz.

Prolonga tu misericordia con los que te reconocen, tu justicia con los rectos de corazón; que no me pisotee el pie del soberbio, que no me eche fuera la mano del malvado.

Han fracasado los malhechores; derribados, no se pueden levantar.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. 
Como era en el principio, ahora y siempre,  por los siglos de los siglos. Amén.

Tú que te has revelado como Señor de la vida, danos parte en la plenitud de tu vida divina.

Haz que reproduzcamos siempre tu muerte en nuestros cuerpos, para que en nuestro vivir se manifieste también tu vida.

Ilumina nuestros corazones con tu luz,
para que, a través de nosotros, resplandezca la gloria de Dios.